Con un brazo en alto, tirando la rienda del carro, con el otro, la palma hacia arriba para presentir los humores del tiempo cambiante. Como una diosa mitológica, avanza en ese cruce donde equilibran la determinación y la fluidez, dos condiciones necesarias para lograr lo que se desea en el momento oportuno. Los idiomas le atraviesan la lengua y le articulan el pensamiento para hallar en los textos la imprescindible cuota de originalidad.
Está de regreso en Argentina, la tierra natal, la de la lengua madre, la primera y original. Pero no la única. Marcela Hämmerly ha hecho del mundo una patria. A diferencia de Marguerite Yourcenar, que editó sus viajes bajo el título de “una vuelta por mi cárcel”, a esta agente-editora, criada a la vuelta de los oscuros remansos corondinos, bien podría endilgársele el de “varias vueltas por la libertad”.
“Desde muy chica hice inglés y francés en Coronda. Luego, a los 17 años, estudié el profesorado de inglés, la mitad en Paraná y el resto en Buenos Aires, junto al traductorado en el Lenguas Vivas. Hablo 9 idiomas: además de estos dos, italiano, alemán, japonés y chino, y, ya en Grecia, donde viví, hice latín y griego”. Profesora, intérprete y traductora, el manejo de las lenguas le ha otorgado el poder de atravesar y conocer el mundo, no solo desde los ojos, sino también desde la comprensión del cambiante caleidoscopio cultural.
Esa mirada particular que otorga la simultaneidad de los sentidos, lograda por palabras de diferentes idiomas, abrió a Marcela una puerta que conjugó, además, con el placer de la lectura y de los libros: “decidí hacer la carrera de Edición, en la Sorbona de Paris, en Francia. Luego regresé a Grecia y empecé a trabajar como agente literaria y, mi desafío ahí fue abrir el nicho directo entre Europa y Latinoamérica sin pasar por México o España, que son los grandes centros de distribución en lengua española. A partir de ese momento, comenzó un periplo que la llevó a diferentes puntos del globo, representando a la Agencia Literaria Iris de Grecia y a participar de ferias y lanzamientos editoriales.
Después de doce años de vida en Grecia, llevada y traída, también, por amor, el retorno no solo ha sido al país, sino también a la llanura santafesina, prolífica en frutos de la tierra y del pensamiento. Una larga lista de autores del litoral la mantuvo siempre un poco inclinada hacia la memoria literaria regional. “Empecé a trabajar con editoriales de acá, en especial con “Palabrava”, con la cual siento una afinidad muy especial ya sea en la forma de trabajar como en el material que se edita. Con ella empecé a colaborar hace ya un tiempo y, ahora que volví, lo haré más. La idea es dar visibilidad a lo que tenemos aquí, en Buenos Aires primero, y, si puedo, en el exterior también”.
El mercado editorial es vasto, tanto como la imaginación que, de por sí, es ilimitada. Existe una infinidad de productos, pero es en la ficción donde Marcela Hämmerly halla su territorio pródigo. Con las manos va describiendo, a la par de la palabra, ese cosmos que se construye para oficiar de puente entre autor y lector: “trabajo fundamentalmente con la literatura, pero ahora se incorpora también la fotografía, los dibujos, los bocetos, con diferentes tipos de papel, las costuras a mano… y lo más maravilloso de esto es la creatividad, lo original, lo nuevo”. Ese olfato que nutre la búsqueda se concentra en la función de agente, que consiste en “leer, descubrir el potencial, determinar para qué mercado sirve y proponer la publicación. Se es un filtro entre el escritor y el editor. Yo elijo a quien postulo y el editor elige a quien publica.”
En un mercado que Argentina sostiene con pinzas para evitar caídas estrepitosas, situación que se replica también en Europa, uno de los desafíos más profundos reside en lograr una visibilidad de los autores que les permita llegar a públicos más amplios, y, otro, es que esa producción sea diferente y novedosa respecto del material que se encuentra en circulación: “yo busco originalidad, sobre todas las cosas, que la gente joven y talentosa sea vista, trabajar con textos nuevos, de calidad, que despierte interés, que haya pasado por la lupa de otros lectores, de un editor avezado, lo cual es una garantía para quien está emergiendo”.
Luego de esa sucesión de viajes, incluidas maletas y recuerdos cosmopolitas que empiezan a volverse objetos cotidianos, la migración no deja de ser ese símbolo de transformación que plasma Cortázar en “la noche boca arriba”, donde la transmigración del alma besa la esencia de la otredad de un modo magnífico:“me voy a mover en Buenos Aires con la enseñanza del español para extranjeros, por un lado, y, por otro, intensificar mi trabajo de agente y editora para fortalecer el cruce e intercambio de material entre Argentina y Europa. Estoy reciénllegada, lo que quiero es difundir la cultura, siempre eligiendo, hacer fluir el puente y expandir lo que se genera afuera y lo que se produce en el país”.
Entre la imaginación creadora y el ojo ávido por penetrar en la letra impresa, hay un camino largo por el cual Marcela se complace en llevar de la mano: “Da trabajo escribir un libro. Da trabajo publicarlo. Pero lo que más trabajo da es difundirlo. La logística es lo que puede determinar el éxito o el fracaso de un libro. Un agente literario tiene que pelear un contrato bueno para fortalecer a los autores, sus derechos, su valía. Ahí es donde más remo para sacar lo mejor.”
Y habla del capital que no es directamente palpable, de una riqueza universal que halla en la mente su nido prolífero, donde se alimenta y se multiplica, como los peces y los panes bíblicos. “Lo que querría es que se entienda que la cultura es un capital intangible que vale, que haya mayor apoyo público para favorecer la difusión del trabajo intelectual que se produce. La cultura vale la pena. La cultura salva, es necesario que se siga invirtiendo en cultura y hoy más que nunca”.
Si algo parece alimentar a Marcela Hämmerly es la pasión, esa fuerza mítica que absorbió mirando los remansos de un río santafesino o la rigidez imperecedera de la Acrópolis blanca ateniense. Hay algo de pez, que encuentra la corriente favorable y algo de estatua, que desafía cualquier tormenta. Es, en definitiva, como el “Sergio” de Yourcenar, esa otra viajera incansable, que encuentra inútil el combate contra esa esencia profunda que le otorgan las lenguas y la palabra.
(Destacado)
Más info
Marcela A. Hämmerly
00541149012644 y 005491141858236
mahammerly@yahoo.com
www.mahpublishing.com
Texto: Fernando Marchi Schmidt
Fotos: Pablo Aguirre
Maquillaje: Mariana Gerosa
Nombre de sección: Perfiles y personajes
Edición: N° 69