Cuando está todo preparado la concejala Laura Mondino saluda y aclara —casi a modo de disculpas— que acaba de terminar otra reunión, aun así, se acomoda con gesto dispuesto y rostro sonriente. Los encuentros virtuales siguen siendo un terreno incómodo si se trata de charlas o entrevistas, hay algo de nostalgia por aquello que se pierde al estar mediados por la tecnología, igualmente la posibilidad del intercambio continúa teniendo la promesa del calor de la cercanía que sabemos conocida y, por ahora, la herramienta posible en tiempos pandémicos.
Detrás de su peinado, ladeado a su perfil derecho, deja aparecer su oreja izquierda, donde brilla un aro de perla, de esos que usa frecuentemente. Se acomoda los rulos alborotados por la humedad y —en medio de una sonora carcajada— dice: «Hace un tiempo decidí dejar mi cabello natural, fue un proceso de aceptación, entender que está bien ser como soy. Me llevó tiempo romper con los estereotipos, con el prejuicio de que el cabello lacio es lo que representa el orden. Por otra parte, se suma que el mercado ofrece poco para verse bien con los rulos. Este es un proceso de desandar mandatos y es una ruptura que tiene que ver con mis hijas, poder darles el ejemplo, porque deseo que ellas se acepten como son y los disfruten desde el principio, creo que es parte del proceso feminista y eso es revolucionario.»
No nos indisponemos, menstruamos
Luego de dos años de tratamiento en comisiones, el Plan municipal de gestión menstrual —impulsado por Laura Mondino—, se aprobó en el Concejo el 28 de mayo del 2020. Esta ordenanza promueve el acceso universal y gratuito de productos de higiene menstrual y cuenta con distintos espacios municipales donde pueden anotarse en el registro único. En marzo de este año se encontraban inscriptas más de 1.700 mujeres, que ya cuentan con entrega de toallitas absorbentes descartables y elementos de higiene personal. «Usamos un montón de palabras para nombrarla y nunca hablamos de menstruación, como si fuera una mala palabra, no logramos naturalizar, y cuenta mucho más porque está atravesada de mitos. Venimos trabajando en rondas de mujeres, son ellas las que narran cosas como que tenías que estar cuatro o cinco días sin lavarte la cabeza sino se te cortaba o si salías a la calle te seguían los perros. Todo el tiempo es romper con esas ideas que nos han inculcado y nos impide aceptarla como proceso natural. Nuestro planteo es político, no es privado, porque hay una realidad: las mujeres tienen que costear sus elementos de higiene menstrual, y esta es una situación de desigualdad con los varones. Las toallitas son elementos esenciales, no tenemos la posibilidad de optar si lo usamos o no para desarrollar con normalidad nuestra vida cotidiana. La organización Economía Femini(s)ta sostiene —con soporte en investigaciones en Latinoamérica de UNICEF— que hay mucha deserción escolar, durante sus periodos las chicas dejan de ir a la escuela por no contar con estos elementos y ahí es donde el Estado tiene que estar, tiene que dar respuesta. No solo desde el municipio sino también desde la provincia. También hay que remarcar que las nenas y las mujeres somos objetos de bullying por la menstruación y allí es donde la Educación Sexual Integral (ESI) tiene un rol determinante.»
Volver a pensar en lo colectivo
Laura acomoda nuevamente su cabello, apoya sus codos en un escritorio —supongo, porque el cuadro de la videollamada no alcanza ese rango— mientras se toma el rostro con ambas manos, claro signo de escucha atenta. Deja escapar una sonrisa, reacomoda su postura mientras dice: «Tuve el enorme privilegio de ser parte de la gestión Chiqui González en el Ministerio de Innovación y Cultura, y ella nos enseñó a pensar cómo generamos los vínculos, realmente convivir con el otro, algo que es parte de su militancia. Hace poco conté en una nota que me crié en barrio San Martín y cuando a mi mamá le faltaba algo mientras cocinaba, me mandaba a pedirle a la vecina. Hoy es casi impensado, porque estamos muy distantes entre las personas, hay un gran desafío en la reconstrucción de los lazos, instancias de convivencia barrial. El estado tiene una gran responsabilidad no solamente generando los espacios sino dando respuesta en cuestiones básicas como: la alimentación, las cloacas, el agua potable; necesidades para la convivencia digna. Si hay algo que nos deja esta pandemia es volver a pensar en lo colectivo, ahí está la clave —afirma la concejala—. Si nos cuidamos nosotros estamos cuidando a los otros. Por eso siempre sostuve la militancia barrial y territorial. Este año estuve recorriendo mucho los merenderos, las organizaciones, trabajando fuertemente en dar respuesta a tantas problemáticas que vecinas y vecinos tienen a diario en el territorio. Con mucha humildad se pueden llevar a cabo políticas que mejoren la vida de la gente».
La necesidad de igualar e integrar Santa Fe
La charla fluye, desde los universos próximos a la gran ciudad. «Hay una agenda muy real y la decisión de llegar con obras que junto a Emilio Jatón —Intendente de la ciudad de Santa Fe— venimos impulsando desde el año pasado. Esta gestión está poniendo mucho empeño en poder dar respuestas a la zona oeste y noroeste, los barrios históricamente postergados. Primero pensar la infraestructura: obras fundamentales como el camino Viejo Esperanza, calle Menchaca o Berutti, los desagües en barrio Cabal, obras significativas que van a cambiar la vida de los vecinos. Lo otro está relacionado con todo aquello que pueda establecer resortes de escucha, puentes y así rearmar ese entramado social que está quebrado hace mucho tiempo. Hay una fuerte apuesta sin dejar de hacer obras en donde ya existen, como en la zona céntrica donde se cuida el bacheo y la iluminación. Esta gestión entiende la necesidad de igualar e integrar Santa Fe.»
Hermes y Miguel fueron dos grandes referentes
Mira expectante y sospecha que la pregunta siguiente quizás no la lleve a un lugar deshabitado de angustia, deja escapar un suspiro audible: «Han sido dos pérdidas que aún estamos procesando. Mi militancia en el Partido Socialista fue de la mano y con la inspiración de Hermes (Binner); y las gestiones del Frente Progresista han propuestos cambios significativos, generado derechos y políticas que igualaron oportunidades. Miguel (Lifschift) fue un dirigente que siempre abrió las puertas para dialogar, escuchar y nos dio la posibilidad a los jóvenes de ser parte, a la nueva generación. Nos queda la responsabilidad de continuar con el legado de ambos. Los dos han tenido la capacidad de ampliar y de convocar. Sabemos que el desafío es seguir ese camino y construir un partido abierto a las demandas de los movimientos y las organizaciones. Miguel era un precursor y decía que el futuro es feminista y ecológico».
Mondino básico
Tiene 36 años, es socialista, politóloga, feminista, mamá de Juana y Martina. Concejala por el Frente Progresista Cívico y social, periodo 2017 a 2021. Comenzó dando apoyo escolar, luego de terminar sus estudios universitarios, aunque recuerda que desde la escuela secundaria solía preguntar o proponer ideas vinculadas a las problemáticas colectivas. Durante la adolescencia tuvo su primer encuentro, a través del libro Nosotras que nos queremos tanto con la escritora chilena Marcela Serrano: «Me marcó mucho. Luego lo volví a leer dos o tres veces en distintos momentos». Le gusta el cine argentino. Conserva las recetas de las salsas de su abuela Julia y mientras acomoda su cabello suelto y rizado dice: «De mi mamá, los rulos y de mi abuelo Carlos y de mi abuela, las salsas». Sabe que quiere ser parte de los debates políticos sin postergar su maternidad ni la crianza de sus hijas: «Hay que encontrar un punto de equilibrio. Hay que tener esa claridad y empatía porque las mujeres somos parte motivadora y movilizadora también del espacio público».
Texto: Victoria Bordas
Fotos: Ana Paula Ocampo
Estilismo: Mariana Gerosa
Nombre de sección: Perfiles
Edición: N° 84